
En una tarde que rememoró las épocas doradas del fútbol argentino, San Lorenzo se llevó un triunfazo de Vicente López tras vencer 1 a 0 a Platense. El condimento especial, que transformó el aire del Estadio Ciudad de Vicente López, fue el regreso de la parcialidad visitante: ver ambos colores en las tribunas le devolvió al partido una mística que la Liga Profesional suele extrañar.

Desde el pitazo inicial, el encuentro se planteó como una batalla táctica en la mitad de la cancha. El «Ciclón», consciente de la presión que bajaba desde la tribuna local, se refugió en un esquema sólido y apostó a las transiciones rápidas. Platense, por su parte, intentó hacerse dueño de la pelota bajo la batuta de sus volantes, pero se encontró con una muralla defensiva azulgrana que no dejó fisuras.
El Desarrollo del Encuentro
El partido fue de menos a más, con un roce constante que obligó al árbitro a intervenir frecuentemente. El primer tiempo terminó con pocas llegadas claras, aunque con una intensidad que mantenía a las dos hinchadas al borde del asiento. La tensión se sentía en cada dividida; el «Calamar» empujaba con centros, mientras San Lorenzo esperaba el error para castigar.

El quiebre del marcador llegó en el complemento:
- Minuto 22 ST: Tras una recuperación en campo propio, San Lorenzo hilvanó una serie de pases precisos que terminó en un centro punzante al corazón del área.
- El Gol: El delantero cuervo anticipó a los centrales de Platense y, con un cabezazo implacable, mandó la pelota al fondo de la red, desatando la locura en el codo ocupado por la gente de Boedo.
Un Final No Apto para Cardíacos
Con el 1 a 0 a favor, San Lorenzo se replegó para aguantar la embestida final. Platense, herido en su orgullo y empujado por su gente, llenó el área de centros y tuvo una chance clarísima en el tiempo de descuento que el arquero azulgrana logró desviar al córner con una atajada monumental.

El cierre fue puro nerviosismo. Mientras la hinchada de Platense alentaba por el empate heroico, la de San Lorenzo entonaba sus cánticos de victoria, creando un marco sonoro imponente. Finalmente, el silbatazo marcó el final y los tres puntos viajaron hacia el Bajo Flores. Fue una victoria de esas que se festejan doble: por el resultado, por el sacrificio y por haberlo vivido con el calor de su gente fuera de casa.




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